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LA CASA DE USHER
 
Relatos de Terror y Ficción
               por Paul F. M. Muro Lozada
 
 
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LA LLAMADA

 

La carrera que había estudiado, la de profesor, había hecho que me traslade a un escondido pueblo en la costa norte del Perú. En este lugar mis días transcurrían entre el dictado de mis clases por la mañana y la estancia en mi habitación en la tarde y la noche. Aunque parezca difícil de creer ya me había acostumbrado a esa rutina, a esa monotonía.

 


 

El día viernes 26 de noviembre de 1982 me llegó una carta de mi amigo Rodolfo Velez que a la letra decía lo siguiente:
Trujillo, Lunes 22 de Noviembre de 1982.
Querido Gabriel.
Te escribo esta pequeña misiva (ya sabes lo difícil que es para mi escribir una detallada carta) para decirte que mis labores jurídicas han terminado y deseó ir a verte, ya que posiblemente tenga que ir de viaje a la capital y el trabajo que conseguiré ahí, me mantendrá absorbido durante mucho tiempo (algunos años y quizá me quede allá).
Por lo que me contaste en tu última y muy extensa carta estás viviendo una rutina a la cual ya te has acostumbrado, pues... ¡ ya voy este fin de semana !¡Y llevaré una gran botella de ron!¿Qué te parece?¡Vas a ser el profesor más borracho de la región!¡Ja, Ja, Ja!
Me despido. Espera mi visita.
Tu amigo desde la infancia. Rodolfo
Las últimas palabras que leí de esa carta, es decir: “tu amigo desde la infancia” trajeron a mi mente muchos y agradables recuerdos, mi madre y la madre de Gabriel habían sido grandes amigas, trabajaban juntas y salieron embarazadas casi al mismo tiempo y como es lógico suponer Gabriel y yo nos hicimos muy buenos amigos, nos matricularon en la misma escuela, estudiamos varios años juntos y hasta nos sentábamos en la misma carpeta, nuestra amistad era proverbial; pero cosas del destino nos separaron. Al terminar nuestros estudios en la escuela secundaria, yo estudié Educación y él Derecho (había perseguido esa ambición desde muy chico, queriendo emular al padre que perdió en su infancia); sin embargo nuestro contacto nunca se perdió al vivir él en una ciudad y yo en otra. Mientras estudié en una universidad nacional en mi ciudad natal, mi amigo cursó estudios en un centro de educación superior particular., en otro sitio. La localidad donde él había estudiado era la ciudad de Trujillo, distante de Lambayeque unas 3 horas en bus, por este motivo tanto a él como a mí se nos hizo relativamente fácil visitarnos en la época de nuestros estudios universitarios.
Al terminar de pensar en el pasado, doblé cuidadosamente la carta y la coloqué en mi pequeña mesa de noche. Salí a hablar con Doña Mercedes, señora muy amable la cual me daba pensión, pensión que incluía un buen desayuno, un almuerzo típico de la región y una merienda por las tardes.
Al llegar a la casa de Doña Mercedes ésta me recibió amistosamente. Doña Mercedes encajaba exactamente en la descripción dada por Gillin para los individuos de raza moche, es decir era de estatura pequeña, cabello lacio y negro, y estructura del cuerpo tendiente al tipo “lateral”; en pocas palabras Doña Mercedes era un típica “mochera” . A la descripción citada anteriormente debo agregar que la Doña llevaba su pelo bastante largo y arreglado en dos grandes trenzas. Al llegar a su casa la saludé efusivamente:
– ¡Buenas tardes Señora Mercedes! ¿Cómo está?
– ¡Señor profesor! ¿Le sirvo su almuerzo ya? – me dijo.
– Si es tan amable, por favor –dije yo.
La señora caminó hasta su cocina y al momento me trajo mi almuerzo, el cual humeaba y difundía por todo el lugar el exquisito sabor de ese potaje; por lo general yo sólo pedía en mi menú lo que en estos lares se llama “segundo” es decir, generalmente carne –de una amplia variedad como por ejemplo: carne de vacuno, porcino, cabrito, pollo, gallina, pato, pavo, etc.– guisada y acompañada con arroz. Ya estaba casi al final de mi plato y la señora me sirvió chicha (bebida fermentada de maíz) dulce en un calabazo o “poto” yo pedí más chicha , quería así aplacar el incesante calor que desde hace algún tiempo había en aquella región, el motivo de ese calor era la cercanía de un Fenómeno “El Niño”, fenómeno climático que eleva la temperatura del agua del mar, produciendo dramáticos cambios en el ambiente terrestre tales como: sensible aumento de la temperatura y lluvias torrenciales. Las lluvias torrenciales causan verdaderos estragos en estos pueblos; no sólo porque las casas de los habitantes no están preparadas – porque al ser una zona desértica en condiciones normales en esta parte de la costa peruana una lluvia es de lo más insólito –, sino también por que aumentan el cauce de los ríos, desbordándolos.
Terminé mi almuerzo y casi acabe con la chicha de la señora, ella pareció no molestarse en lo absoluto por eso, y preguntó:
– Profesor, ¿de algo quería hablarme ayer?
– Efectivamente Doña Mercedes, resulta que mañana quizá venga un entrañable amigo mío y se quedará unos días, así es que me gustaría que también disfrute de la hospitalidad de la gente de este pueblo, ¿está de acuerdo? – dije y la señora con un gesto amable habló:
– Pues seria lo más adecuado Profesor.
– Señora tome – estiré el brazo con un par de billetes –, esto cubrirá los gastos que corresponden a los alimentos de mi compañero por aproximadamente tres días, que es el tiempo que se quedará, si su estadía dura más yo le alcanzo la diferencia, ¿si?
– Perfecto, perfecto Profesor, me agrada servirle a usted, ¡Ah ! – Doña Mercedes pareció acordarse de alguna cosa – ya cubrí el techo con brea.
– Muy bien Doña Mercedes, es lo único que puede apalear un poco las lluvias que se vienen, también el techo de mi cuarto lo he cubierto con brea, y, espero que resista. Entonces Doña nos vemos por la tarde – me despedí de la Señora y partí rumbo a mi cuarto.
Al llegar a mi cuarto conecté mi radio transmisor y busqué en las señales UHF y VHF algún radioaficionado en alguna parte del mundo, la radioafición era mi pasatiempo favorito, después de una paciente espera, al fin pude contactarme con un francés, pero la comunicación no duró mucho – mi francés es muy malo –. Luego de pasar un par de horas frente a la radio, me quedé dormido.
El sábado por la mañana temprano, mi amigo Rodolfo tocaba la puerta llamándome efusivamente:
– ¡ Gabriel ! ¡ Gabriel ! ¡ Ya llegué ! – me levanté apresurado y abrí la puerta ante mi estaba mi amigo, mi entrañable amigo Rodolfo, nos abrazamos cálidamente y le dije:
– ¡ Rodolfo ! ¿Qué ha sido de tu vida?
– ¡ Bien hermano, bien ! – contestó mi amigo, mientras él me respondía, yo ayudaba a pasar su pequeño maletín, lo invité a sentarse y aunque charlamos brevemente me contó algunas cosas que tenían que ver con el nuevo trabajo que tendría en Lima. En eso Rodolfo miró mi habitación y se fijó en mi equipo de radio.
– ¿Y tu amigo como puedo ver fiel a tu afición? ¿No? ¿Sigues jugando en la onda corta?
– UHF y VHF y en mi otra radio a veces radios locales en AM –. Rodolfo me dio palmadas en el hombro y me dijo:
– ¡ UHF, VHF y Onda Corta, son lo mismo amigo ! ¡ Las aficiones relajan mucho el espíritu !
Luego nos alistamos para irnos a tomar desayuno donde Doña Mercedes. En el camino seguimos platicando, me di cuenta que la alegría de mi camarada no había variado en lo absoluto desde la última vez que lo visité, es más había aumentado.
Después de ese breve saludo, todo el día nos la pasamos conversando y paseando por la campiña que rodeaba al pueblo, al llegar la noche fuimos a mi cuarto, a seguir nuestra animada charla.
– Amigo como lo prometido es deuda... – dijo Roberto buscando en su pequeño maletín, sacando de él una gran botella de ron, yo solté una gran carcajada apurándome en sacar de mi repisa un par de bonitos vasos, reservados para una ocasión semejante.
– Para que veas que también estoy preparado.
– ¡ Así veo, hermano, ya veo ! – Rodolfo abrió la botella y sirvió generosamente, así nos sentamos alrededor de mi mesa y empezamos a recordar momentos muy alegres que pasamos, algunos otros tristes como la muerte de su padre (cosa que lo había marcado de por vida), pero cuando ya la botella estaba por la mitad, le pregunté, cambiando en tres cientos sesenta grados el tono de la conversación:
– ¿Te vas a casar, no es así? – mi amigo sorprendido me contestó:
– ¿Qué has dicho?
– No solamente has venido a despedirte debido a tu posible y creó casi segura estancia en Lima, sino que también te vas a casar, ¿no? – Rodolfo no salía de su asombro y me inquirió:
– ¿Cómo lo sabes? – con una sonrisa traté de calmarlo y le contesté.
– Lo he soñado amigo mío, a veces, y no creo que te hayas olvidado, tanto tu como yo sentíamos el estado de animo del otro, ¿no es cierto? Pienso que estas manifestaciones eran producto de nuestra profunda amistad, ¿no crees?
– Si Gabriel, pero esto es diferente, nunca habíamos predicho hechos, ¿cuéntame cómo fue? – dijo mi compañero de tantos años.
– Pues, lo soñé, amigo y además supe el nombre de tu prometida, ella se llama Karina, ¿es verdad o no? – así le conté lo que había visto a mi amigo, el no salía de su embebecimiento y tomando un trago más, siguió el hilo del diálogo:
– Ciertamente se llama Karina y falta poco para la boda, por supuesto que te mandaré el parte Gabriel, eres infaltable en este acontecimiento, espero que todo me vaya bien, ¿no sabes más de mi futuro?
– No – respondí.
Al final de la noche nos acabamos la botella de Ron, nos quedamos dormidos y el día siguiente transcurrió casi como el anterior, luego de dos días felices, nos despedimos, no sin antes prometerme Rodolfo, que pronto enviaría el parte. La promesa de mi amigo se cumplió se casaría el 20 de Diciembre, el parte me llegó una semana después de que se fue, yo estaba ansioso por acompañar a mi amigo en esa ceremonia, y en ese día especial de su vida.
Terminó el mes de Noviembre y las primeras lluvias causadas por el Fenómeno “El Niño” comenzaron a caer, eran estas no muy fuertes; pero la primera semana de Diciembre de 1982 cayó sobre todo el territorio norte del país una de los más feroces aguaceros jamás reportados, duro 15 horas seguidas y al día siguiente una lluvia de menor intensidad terminó lo que la primera había comenzado, es decir desbordó el río más importante de la región incomunicando a varios comunidades y por ende a mi pequeño pueblo.
Algunos días pasaron y las lluvias seguían cayendo, la incomunicación era total, no había transito ni para el sur, ni para el norte, y yo sólo pensaba en que me sería imposible ir a la boda de mi entrañable camarada. Odié aquella situación; pero tenia que permanecer tranquilo, otro impase podía suceder: mi habitación y la casa de la querida Señora Mercedes corrían grave peligro de desplomarse, traté de cubrir de plásticos el techo de mi casa y el correspondiente de la Señora, todo el pueblo estaba haciendo lo mismo con sus casas.
El estado de aislamiento había durado exactamente un mes desde la primera lluvia, es decir estábamos ya a finales de año, y nuestro único medio de contacto con el exterior era la radio, para esas fechas me sentía terriblemente mal por no haber podido ir al matrimonio de mi amigo, ¿pero qué podía yo hacer contra la furia de la naturaleza? Sumado al estado de las cosas el fluido eléctrico se había cortado, para evitar accidentes que podrían agravar aún más el estado de emergencia de la zona.
Una torrentosa noche de Enero, en mi habitación y a la luz de una vela, estaba yo siendo devorado por la tristeza, una tristeza que se me clavaba en el corazón. ¿Tanto me había afectado no haber asistido a esa ceremonia? Esa noche para disipar mis penas conecté mi radio a una vieja batería que había conseguido, traté de contactarme con el exterior por medio de la radio, había conseguido captar un mensaje, cuando la señal repentinamente se cortó, busqué de nuevo en esa frecuencia, pero fue inútil, todas las transmisiones estaban interrumpidas, intente nuevamente, luego de buscar infructuosamente algún contacto, me rendí y dejé encendido el aparato por si la señal retornaba.
Paso cerca de una hora y no retornaba la señal, estaba nuevamente conciliando el sueño cuando un sonido proveniente de la radio despertó mi conciencia rápidamente, me acerqué a la radio, subí el volumen y lo que oí fue lo siguiente: ¡Auxilio! ¡Ayúdame! ¡Ayúdame! Mi sorpresa como es de imaginar no tenia límites, traté de captar mejor esa extraña emisión, quizá me había equivocado y había captado a algún radioaficionado bromista o era alguno de los tantos damnificados por las lluvias, pero al ecualizar mejor, la llamada de auxilio se repitió. ¿Qué clase de mensaje es este pensé? Los minutos transcurrieron y aquella voz siguió pidiendo ayuda, se escuchaba bastante lejos, a veces bajaba y subía en intensidad, otras se escuchaba más claro que la torrencial lluvia de afuera.
Aquella llamada de auxilio me interesó. Luego se oyó como un mensaje oculto en alguna cinta magnetofónica, me estremecieron esos sonidos, traté nuevamente de captarlos mejor; sin embargo la voz se fue extinguiendo poco a poco y luego de algunos instantes no se escuchaba nada más que la estática del aparato.
El día siguiente mis pensamientos estaban fijos en esa extraña llamada de auxilio, fui a ver el estado de la casa de Doña Mercedes y por fortuna su hogar había resistido al último aguacero, es un milagro le dije a la Señora. En el desayuno la Doña notó mi estado de animo, pero no le quise contar lo que pasó la noche anterior en mi cuarto, más bien preferí me sirva un buen desayuno, para recuperar fuerzas, casi no había dormido por haber mantenido la expectativa frente a la radio.
Por fin luego de casi dos meses de aislamiento, se pudo establecer un puente de comunicación hacia estos pueblos del norte de la nación, el primer paso que se abrió fue hacia el sur; los pobladores del lugar donde vivía estaban contentos, aliviados por que gracias a la escasez de provisiones unas semanas más y nuestra situación hubiera sido muy crítica.
A finales de Enero de 1983 recibí una carta que me llenó de inquietud Inmediatamente abrí el sobre y el mensaje decía lo siguiente:
Trujillo Enero de 1983
Estimado Sr. Gabriel Salazar
¡ Un infausto hecho ha sucedido ! Y me parece, por lo que escuchaba de Rodolfo era usted su mejor amigo, y es responsabilidad mía hacerle saber este trágico hecho, y, créame que no se cómo tengo la fuerza de voluntad para comunicárselo.
Una noche, fatal y maldita noche de enero, exactamente el 11 de enero mi esposo salió de una diligencia en su auto y cruzando la autopista central chocó con una camioneta que venía a todo velocidad, su auto dio vuelta de campana y fue a estrellarse con un árbol, su automóvil quedo hacia abajo, y a mi esposo lo aplastó todo el peso de la máquina. Cuando llegué él había fallecido; pero por el personal de emergencia, supe que él tuvo una lenta agonía, los paramédicos dijeron que escucharon nombrar palabras confusas y algunos nombres entre ellos el mío y también el suyo Señor Salazar. ¡Oh! ¡No sabe cuanto sufro Señor! ¡Ya no puedo seguir escribiendo más!
Al terminar de leer la carta, no pude contener las lágrimas, lágrimas de intensa amargura. Esa noche, esa fatídica noche del 11 de Enero, fue la noche que escuché el extraño mensaje en la radio. ¡Ese mensaje era de mi amigo!¡Mi amigo que agonizaba!

Fin.


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