untitled
viviti
LA CASA DE USHER
 
Relatos de Terror y Ficción
               por Paul F. M. Muro Lozada
 
 
           Inicio           
       Wallpapers       
       Contactos       
 
AUTOR:::::
  Biografia
  Fotos
RELATOS
  Beatriz
  La Cofradía
  La Llamada
  El Retrato del Sr.      Espinoza
  El Incidente de la      Calle A. Ugarte
  Los Invasores
  El Encuentro
  Una Conversacion      acerca del Tiempo
ARTICULOS
  E.A. Poe y su     influencia en ...
  Expediciones en el     Siglo XX
  
WEB'S AMIGAS::::




Grupo el Buho

Ciencia Ficcion Peruana
Rascacielos

 

 

    Descargar   Comentar
EL ASOMBROSO INCIDENTE DE LA CALLE
ALFONSO UGARTE

 

 

Aquel cuatro de junio de 1980, mis pasos me destinaban a la morada de mi tía Martha, la cual tenía toda mi estima y consideración. Recorría la calle Elías Aguirre, siendo aproximadamente las siete de la noche, el jirón estaba especialmente activo, con cuantiosos negocios abiertos

 


 

y numerosas personas transitando por el, hombres y mujeres iban y venían confundidos en sus preocupaciones. Mientras caminaba divisé la pequeña capilla “Santa Verónica” 1 , fue allí, donde hacía una semana atrás nació mi preocupación por la salud de mi tía, esa mañana la había visto en la capilla, estaba visiblemente alterada, con una mirada fija en su hogar, mencionaba a menudo que su domicilio era el único lugar donde se hallaba a resguardo, fue tan perturbadora su actitud que me conmovió en demasía, traté de tranquilizarla, calmarla, consolarla, pero no lo conseguí. Desde hacía tiempo que mi tía sufría de los nervios y en el pasado había tenido algunas crisis nerviosas, debido a esto sopesé la posibilidad de una recaída.
Traté de no pensar más en esa desagradable impresión y seguí transitando con dirección sur hasta llegar a la intersección con la calle Manuel María Izaga, crucé la pista, encontrándome a continuación en la cuadra donde vivía mi tía, la dirección exacta era el número 520. El hogar de la hermana de mi madre era pequeño, al lado de la puerta exterior, se hallaba una diminuta ventana siempre tapada con una gruesa cortina crema, la cual no dejaba ver nada del interior.
Toqué la puerta y al poco tiempo salió una de mis primas.
– ¡ Hola Rosario ! ¿Qué tal?
– Hola Sebastián – me respondió secamente mi prima.
La muchacha no se mostraba muy sorprendida de verme, en realidad tenía una expresión grave en el rostro, posiblemente mostraba su mal humor porque no había frecuentado la casa desde hace algunos días. Luego de nuestro mutuo saludo me indicó con un ademán que pasara. El interior de la morada era sobrio al igual que la fachada. Esta primera pieza de la casa era una típica sala – comedor, en la parte correspondiente a la sala habían unos muebles cremas y en el centro una pequeña mesa, y en la sección del comedor una gran mesa con seis sillas frente a un gran televisor.
Luego de la invitación a pasar saludé a todos, mi tía Martha estaba sentada en la mesa, a su lado derecho estaba mi primo Adrián y un poco mas allá mi prima Esther. En ese momento todos estaban viendo la televisión.
– ¡ Hola Tía ! ¿Cómo estás? Me sentí preocupado, luego de nuestro último encuentro.
– Hola hijo, bien estoy, bien. Luego de mucho tiempo que te veo – me respondió mi tía.
– No ha pasado tanto desde la última vez que te ví, ¿recuerdas? ¿en la capilla?
– Ah, si ya me acordé – la mujer pareció esforzarse demasiado para evocar un recuerdo, que era muy reciente.
– Si no he venido luego del domingo pasado, ha sido por mis ocupaciones, ya sabes, mi trabajo me requiere casi todo el tiempo; pero no creas que no he pensado en tu salud.
Mientras yo estaba hablando con mi tía, mi prima Rosario se sentó a mi lado a ver televisión, debo mencionar que el saludo con mis otros primos fue amable; sin embargo ellos estaban más concentrados en la televisión, que en mí.
– ¿Te sirves una taza de café ? – me preguntó mi tía.
– ¡ Claro, como no ! – le respondí.
Mi tía miró a Esther que pareció entender una orden implícita, la chica caminó hacia la cocina, sin despegar sus ojos de la pantalla, al ver su excesivo interés miré también el aparato, percatándome que el programa era una habitual serie de entretenimiento. La taza de café llegó y mi tía dijo en un tono mecánico:
– Sírvete sobrino, aprovecha que esta caliente, ¿quieres pan con mantequilla o deseas otra cosa?
– No tía, gracias – le respondí – ya he comido algo afuera.
Mi tía pareció volver a hacer un esfuerzo para hablar.
– ¿Y tu mamá cómo esta?
– Esta bien, esta bien, te manda saludos. Ahora, se está dedicando a su jardín – hablé con entusiasmo.
– ¿Si ! Me parece muy bien – respondió mi tía Martha, su marido, Iván, habló por primera vez:
– ¿Rosas? ¿Tiene rosas en su jardín? – fue como si despertara, eso me tranquilizó, estaba empezando a tener la idea que había poco o nulo interés por mi presencia, como si respondieran por compromiso.
– ¡ Si ! Tiene Rosas y de muchas variedades. ¿No las has visto? – él pareció acordarse del verano pasado cuando visitó la casa de mi Madre.
– ¡ Ah ! Ya recuerdo sobrino, ya recuerdo, las rosas blancas y su delicado aroma... – hasta ahí duró su intervención en la conversación.
– ¿Cómo vas de tus nervios tía Marta ? – volví a dirigirme a mi tía, tomando ella de nuevo el interés.
– Bien, bueno, relativamente bien sobrino, ya te imaginarás, no voy a ningún médico, ni quiero que ninguno me visite, suficiente con las tabletas que me recetaron hace tiempo, al parecer estoy mejorando, aunque estas pastillas – me señaló unas grageas color anaranjado - hacen que me desvele muchas veces, pero he logrado tranquilizarme viendo televisión.
– Entiendo – repliqué – pero insisto, debes ver a un doctor. ¿Hace cuánto que no reservas una consulta? – mi tía seguía viendo el televisor, y no escuchó mi pregunta
– ¿Qué has dicho sobrino? Disculpa, es el último capítulo de la serie, y no la repetirán nuevamente.
– Si, creo que no – le respondí, a la vez que jugueteaba un poco con la cuchara y sorbía poco a poco el café, el cual estaba amargo; sin embargo no viendo el azucarero cerca, no lo endulce. Así pasaron diez minutos sin que nadie dijera o preguntara algo, no lo sé, no recordaba nada que hubiera podido molestarlos a ellos, sin embargo su curiosidad era total hacia el televisor, incluso hasta en los cortes comerciales. Decidí despedirme.
– Muy bien, ya he visto que estás bien, me tengo que ir – dije.
– Si, sobrino, ya es un poco tarde – me dijo mi tía, – Iván, acompaña a Sebastián a la puerta.
Mi tío pareció que lo desconectaban de su concentración, se levantó de la mecedora y me acompañó al portón, me despedí de mis primos, los cuales sonrieron levemente y siguieron concentrados televisión.
– ¡ Adiós Tío Iván ! ¡ Cuídate ! – con esas palabras me despedí del viejo que forzó su rostro para decirme Adiós.
Todo este asunto me había parecido excesivamente extraño, trataba de explicarme la distancia que me habían mostrado, parecía que estaban disgustados conmigo. ¿Por qué? No era mi ausencia, además descartaba completamente esa idea, seguí pensando mientras caminaba de vuelta a casa, este asunto no lo comenté con nadie.
Luego de algunos días, mi preocupación por mi tía retornó y de nuevo resolví saludarla, la hora de mi visita sería la misma que la vez anterior, más temprano me era imposible hacerlo, debido a mis ocupaciones, en esa temporada siempre tenia clientes, y debía atenderlos personalmente. El recorrido hacia la morada de mi tía Marta fue el habitual; esta vez esperaba ser recibido por lo menos un poco más cálidamente, considerando nuestra cercanía familiar era lo mínimo que merecía.
Llegué al 520 de la calle Alfonso Ugarte, toqué la puerta y aguardé. Mi prima abrió la puerta saludándome indiferentemente.
– Hola Sebastián – dijo ella.
– ¡Hola Rosario ! ¿Qué tal?¿Me invitas a pasar? – hizo un mueca afirmativa y entré en la casa, saludé a mi Tía, a mi tío y a mis primos.
– ¡ Buenas noches ! ¿Cómo están? – la única cortesía que se escuché fue la de mi tía, pero en un tono más frío que la vez anterior, me acerqué a la mesa y le di un beso en la mejilla, ella se inclinó a la izquierda porque inconscientemente le obstaculicé la visión, esta vez el volumen del transmisor estaba más alto, o ¿es que estaban más concentrados en aquel aparato?
– ¿Qué tal tía?¿Te siguen desvelando los medicamentos? –
– Si, si me siguen.... – mi tía pareció postergar la contestación por atender al programa, me ofendió un poco esa actitud, pero...al ver aquellos ojos vidriosos mirar aquel aparato...¡ Me sentí extrañado ! ¡ Me asusté !
¿Era tan importante ese programa? ¡ No ! Era una serie habitual de la programación televisiva; la reacción era igual en mis primos, quienes aparentemente estaban comiendo, más sus cucharas estaban en sus platos y la comida tal vez hacía ya varios minutos que fue servida.
– ¡Tía ! – levanté un poco la voz para que me escuchara.
–Te he escuchado, pero este programa, es muy importante – me sentí como el hombre invisible, comprendí que no era bienvenido, no se me prestaba ninguna atención, así que, ¿qué más podría hacer? Me despedí de mi tía y de toda la familia.
Salí desconcertado, intentando a la vez comprenderlos. Tiempo después de ésta última visita, volví a la residencia de mi tía Martha dos veces más; pero iban reduciéndose los temas de conversación y ya ni me acompañaban a la puerta, el aparato que habla y que emite figuras se había convertido en el centro total de su atención. Era necesario olvidarme de eso, tal vez seria algo pasajero, así que decidí atender mis asuntos y retornar luego de algún tiempo, aguardando que mi Madre regrese de viaje, hace una semana se había ido a Lima .
Transcurrieron cerca de dos meses en los cuales me dediqué totalmente a mi dependencia, visitar a los clientes, distribuir los productos que vendía, hasta que un día recibí una epístola de mi Madre que a la letra decía así:

Trujillo Agosto de 1980
Querido Hijo.
Deseando que estés muy bien y espero disculpes la brevedad de mi mensaje. Te comento que vuelvo la próxima semana, no sabes lo bien que me ha ido en el viaje. La larga temporada que he pasado en Lima, se ha visto seriamente prolongada al haber sido invitada a Trujillo, y aquí me tienes en esta ciudad, he visitado las ruinas de Chan-Chan, la impresión que me ha causado conocer esta añeja ciudadela Chimú, ha sido de las mejores. ¡Si vieras los frisos, los gigantescos muros, las amplias plazas! y ¡Todo de barro! ¡Es increíble! Bueno hijo, la próxima semana me dirijo a Huanchaco un pintoresco balneario, quizá me vaya a otros pequeños pueblos como por ejemplo Moche, ¡ tengo que aprovechar este singular y educativo viaje !
P.D.: Deseo recordarte visites a tu tía Marta Marta, mándale saludos de mi parte.
                        Tu madre


Al terminar de leer esas líneas esbocé una pequeña sonrisa y tuve cierta ambición por visitar esos lugares también, luego fijé mis ojos en el final de la carta y caí en la cuenta que tenia que ir a ver a mi tía, debido a mi profesión la había olvidado por completo en las últimas semanas. Guardé la carta en el cajón de mi escritorio, me levanté del sillón y raudamente arreglé las cosas más importantes de mi trabajo, actividad que duró un par de horas, las formas más rutinarias se las encomendaría a mi empleado Ricardo, una persona honesta, aunque algo lenta.
– ¡ Ricardo ! ¡ Ricardo ! – lo llamé, se encontraba en el almacén, pero rápidamente a pesar de su conocida lentitud atendió a mi llamada.
– ¡ Diga Señor ! – contestó con amabilidad.
– Ricardo atiende a las últimas personas que quedan o las que lleguen más tarde, tengo que hacer algunas cosas importantes.
– ¡ Si Señor !
– ¡ Ah ! De los Señores Pérez y Bernabé me he encargado personalmente, además ya telefonee a los proveedores, mañana llegan.
– Si, señor.
– Cierra máximo las 8:00 p.m. – le dije.
Cogí mi abrigo, me lo coloqué mientras salía de mi oficina, con el propósito de visitar a mi tía, caminé varias calles, al voltear a la derecha de la calle Elías Aguirre y ya en la calle Alfonso Ugarte, desde lejos divisé un gentío arremolinado cerca del final de la quinta cuadra, paso a paso fui avanzando, y pronto caí en la cuenta que ese tumulto estaba exactamente frente a ¡ La casa de mi tía ! ¿Qué es lo que sucede? Cavilé para mis adentros.
Un mal augurio me asaltó, algo andaba mal, muy mal, pensé en mi tía, apareció en mi mente la idea de que había podido sufrir un ataque de nervios, una conmoción o algo parecido.
- ¡ Si sus nervios ¡ ¡ Sus nervios ! - dije en voz alta.
Empecé a correr, por la calle tropecé con una señora que al parecer vivía en la misma cuadra, me aproximé preguntándole sobresaltado:
– ¿Qué ha pasado señora, le ha sucedido algo a mi tía ! ¡ Dígame!
– ¡¡ Algo horrible !! ¡¡ Algo espantoso !! – la vieja me respondió perceptiblemente consternada, con la faz contrahecha, apenas se mantenía en pie, y de no ser por su esposo que la tomaba del brazo, hubiera caído. Me pareció que de aquella mujer, por el estado deplorable que se encontraba no obtendría respuesta alguna, más allá vi dos señoras que se habían desmayado y al voltear mi vista en dirección norte vi una ambulancia que seguramente venia a auxiliar a varias de las personas que alrededor estaban conmocionadas.
- ¡¿Qué pasa !! - Pregunté, tratando enérgicamente de abrirme paso entre la chusma.
– ¡¡ Permiso, permiso !! – grité – ¡¡ Permiso soy sobrino de la señora, son pariente, soy pariente !! – vociferaba como un maniático, la gente a pesar de oírme no me dejó pasar, oponían una férrea resistencia, impulsada por su morbo y curiosidad; sin embargo un bombero habló:
– ¡¡ Déjenlo pasar lo conozco, lo conozco !! – gracias a esas palabras, por fin logré atravesar esa muralla de personas y ¡¡ Ante mi apareció el espectáculo más horrible que jamás presencie !! ¡¡ Era dantesca la escena que tenía ante mi y era horrible el olor que se percibía en la habitación !! ¡¡ La sangre hervía dentro de mi !! Un impulso automático me hizo llevar las manos hacia mi boca, para evitar inhalar aquella espantosa fetidez. Mucha gente no había soportado el horror retirándose raudamente.
¿Debo narrar lo que ví? Pues lo que apareció frente a mis ojos, no era mi familia, no era mi tía ni tampoco mis primos, era algo que no pertenecía al reino de los hombres, no era lo que conocemos por humanidad. Alrededor de la mesa y como si fuera la hora de la cena, había un grupo de cadáveres sentados frente al televisor, sus cuerpos estaban en avanzado estado de descomposición, quizás dos semanas decían unos; pero se mantenían rígidos en sus sillas frente al proyector, que aún seguía encendido.
Aquellos despojos por una incomprensible razón no habían caído en la mesa, se mantenían sentados, sus mandíbulas estaban sensiblemente desplegadas, como una señal de admiración.
Sus rostros esgrimían unos gestos grotescos, a pesar que difícilmente esa masa informe podría recibir el nombre de rostro ya que las ratas los habían devorado poco a poco, pedazo a pedazo.
¡¿ Qué inexplicable locura los había atrapado !! ¡¿ Qué especie de maleficio, de maldad había hecho que se dejaran morir así !! ¡¿ Por qué habían permanecido sin interesarse por nada a excepción de la televisión !! Miré con consternación aquel aparato, aquel maldito televisor, que parecía haber crecido, tomado una siniestra y gigantesca forma, nadie de los presentes se había atrevido a apagarlo, superando mi repugnancia, jalé del cordón que mantenía conectado el aparato a la corriente eléctrica e inmediatamente y para aumentar la atmósfera macabra e incomprensible de aquella mansión, saltaron chispas de la máquina y se desmoronó.
El desplome del televisor fue el punto culminante de aquella espeluznante experiencia, nadie nunca podrá responder a todas las preguntas que tenia en la mente, quizá también estaban en la imaginación de muchos de los ahí presentes. Así fue que los vecinos de la quinta cuadra de la calle Alfonso Ugarte vivieron la noche más lúgubre de sus vidas.

Fin.


    Descargar   Comentar




 

Web Hosting · Blog · Guestbooks · Message Forums · Mailing Lists
Easiest Website Builder ever! · Build your own toolbar · Free Talking Character · Email Marketing
powered by a free webtools company bravenet.com