Siempre extrañé la presencia
de un padre; pero sólo como un amigo, respaldo y consejero,
más no, como una figura de autoridad (que convierte
a los padres en fracasados); mi madre nunca me habló
de él, era un tema tabú en mi morada y escasamente
se guardaban un par de pequeñas fotos de él
y un cuadro de modestas dimensiones. Al ver esas ajadas fotos,
veía en él una especie de héroe de guerra,
que un buen - o mal - día se enroló en el ejercito
y nunca volvió, por supuesto pienso que aquella batalla
se perdió.
Muchos años pasaron, seguro que tiempos difíciles
para mi madre - económicamente hablando - y para mi
- emocionalmente hablando -, hasta que un buen día
mi madre me dijo que había hablado con mi padre...
¿Qué?¿Cómo? Pensé, pero
inquiriéndole más, comprobé que sus afirmaciones
eran ciertas y que mi ascendiente pretendía conocerme
y platicar conmigo “de tantas cosas”.
Mi madre me dio su dirección - pensé si la había
sabido siempre -, me dijo que él me estaría
esperando el lunes por la tarde; cuando manifestó esto,
me reí ampulosamente, luego de tantos años,
¿cómo podría concertar día y hora
de la reunión sin mi consentimiento? No accedí
a esta petición, yo estaba libre sólo los días
sábados por la tarde y ni hablar siquiera de el domingo
- todos los domingos visitaba a una persona sumamente especial
y virtualmente desaparecía todo el día -.
Luego de una semana mi madre me dijo que había conversado
con mi ascendiente, me sonsacó si me parecía
correcto concertar la cita el sábado tal como había
especificado, mi padre llame llamaría para confirmar
el encuentro, asentí, luego de un rato sonó
el teléfono, hablamos, la cita seria en el café
“La Esfinge” a las 5:00 p.m., él estuvo de acuerdo,
el sábado se llevaría a cabo el encuentro.
En la tarde de ese viernes salí un momento a la calle,
con la finalidad de evitar la mirada de mi madre.
El día prefijado llegó, e increíblemente
la mañana pasó demasiado lenta, ¿no les
ha pasado que ante un suceso importante, en donde se va ha
confrontar una realidad así, el tiempo pase de esa
manera? Pero como no hay plazo que no se cumpla, dieron las
4:30 p.m. y ya estaba listo, me encaminé a la puerta
y tras mirar a mi madre de reojo, sin despedirme, salí
y fui a encontrarme con una fragmento de mi pasado: mi padre.
Llegué un tanto temprano, escogí una mesa cerca
de una ventana la cual daba a la calle, pedí un vaso
con agua gasificada y miré nerviosamente mi reloj,
eran exactamente las cinco de la tarde, tomé un poco
de agua y al levantar nuevamente la mirada con dirección
a la puerta, observé a un hombre ya entrado en años,
que ingresaba mirando a uno y otro lado.
Automáticamente y por un no se que, supe que era mi
padre, él creo yo, percibió que yo era su hijo,
me imagino que mi expresión de sorpresa se reflejó
en mi rostro, o que había tenido un presentimiento
parecido al mío. Se acercó a mi mesa y me llamó
por mi nombre, Lorenzo me dijo, yo me levanté y le
estreché la mano fuertemente, él me correspondió
aquel gesto, se sentó frente a mi, nos quedamos mirando
unos minutos sin saber que decir.
Luego de cinco minutos él me preguntó como estaba,
yo le dije que un poco extrañado con todo eso, él
se sonrió y dijo que no tenia por que sentirme inquieto,
en vez de eso deberíamos de conversar, conversar de
cosas que seguramente teníamos en común, le
respondí irónicamente que tal vez estas serian
muy pocas, y él pareció ofendido por mi afirmación.
Luego de conversar cosas banales, le pregunté por qué
abandonó a mi madre, él no sabiendo que responder,
se enredaba en sus propias expresiones, mencionó que
por cobardía e irresponsabilidad, le interrumpí
diciendo que ya no siguiera, que yo suponía que había
ensayado una respuesta o una explicación a una pregunta
como esta, el viejo me dijo con la voz entrecortada que no
le quedaba mucho tiempo, que estaba muy enfermo y deseaba
conocerme aunque sea un poco, y si intentó ablandarme
con esas palabras, lo consiguió, acepté su requerimiento,
así es que le propuse vernos el día lunes a
la misma hora para seguir charlando.
Nos despedimos y a pesar de haber platicado cerca de media
hora, me sentía totalmente cansado y a la vez agitado
por multitud de sentimientos, no volví a mi casa ese
día, ni el domingo, y el lunes por la mañana
busqué un lugar donde quedarme el mayor tiempo posible...mi
madre me agotaría aún más con sus preguntas...no
tenia ninguna intención de revelarle nada.
Nos vimos el lunes yo y mi padre, conversamos amenamente,
le conté muchas cosas de mi adolescencia, cosas buenas
y malas, él parecía saber de todo y comprender
de todo, si no podía expresarme con claridad me brindaba
las palabras correctas, tenia la misma claridad de mis ojos
y la misma profundidad en la mirada.
Varios días nos seguimos viendo, caminábamos
por el parque, conversábamos en el mismo café
que nos conocimos, hasta que un día me dijo que se
había sentido muy a gusto conmigo, que había
tocado la felicidad con mi conversación y mi compañía,
y que se iba a ausentar, no comprendí lo que me decía,
preguntándole por su salud, mencionó que estaba
bien, le pregunté que pasaba, y con una sonrisa me
rogó que me tranquilizará y que vaya a la casa
a ver a mi madre, me recomendó que no debía
dejarla sola, en fin me convenció y sus palabras me
calmaron.
Luego de casi un mes de ausencia volví a mi casa, mi
madre estaba sentada y se entristeció al verme, preguntándome
donde había estado, le insinúe que no tenia
ganas de estar en su casa, que conocer a mi padre había
sido bastante duro para mi...ella me reveló algo que
me trastornó completamente...me preguntó por
qué no había ido al sepelio y posterior entierro
de mi padre...yo le pregunté a que se refería,
me dijo que él murió el domingo siguiente al
sábado en que lo vi por primera vez.. ¡ Yo caí
estremecido en el sillón más próximo
! ¡ Y sollozando le dije que eso no podía ser
!
Fin.